
Cae la tarde y el mar la mira
improvisando con sus ojos
un espejo donde refugiarse.
Detrás del horizonte, mis manos
creen estar enamoradas, seguramente,
y esbozan ejemplos de corazones
de celulosa húmeda y volátil.
En un dialecto extraño
basado en la corriente submarina,
mi lengua de agua y símbolos
le canta a la piel de tus labios
la esperanza de un beso
pensado en el raso
de un deseo líquido.
Ostinato, Eluvium
*
