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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco


17 de octubre de 2011

Sublimación

Qué he de hacer
si todo lo mío se adivina en tu sombra,
si las manos no me obedecen
ni acata la huida la marea
y vuelve siempre la Luna
a cobijarse en tu pecho.

Qué puedo hacer con estos dedos inútiles,
con los recuerdos de las huellas
en la nieve y en la habitación de ceniza
donde el viento sopla del ocaso
hasta el amanecer y la noche
regresa tras los pasos del tiempo nocturno
del insomnio de la luz.

Cómo puedo quitarme de la boca las escamas
del humo y su preciosa voz de miel,
impedir que el cristal se empañe
con el vaho de la tormenta y desnuden
tus labios el naufragio del silencio
del verso atrapado sin anzuelo
en la red de los soles dibujados
al azar en el albor del sentimiento
que se sujeta al agua
y mancha la caligrafía de la palabra oral.

Cómo puedo no cruzar al otro lado del río
donde de los huesos brotan rosales,
y se abrazan el gris y la transparencia
de los besos a oscuras
en el rocío del raso del poema
y su herida de cuerpo intangible.

Qué hago para no estar despierta
ni sentir en mi mirada tus ojos,
qué hago con la piel, con el dolor de la sangre,
dime qué con el alma,
nosotros,
y con el amor.