Esperaré en los árboles al lobo
lamiendo las heridas de la niebla
las de la piel abiertas por las uñas
en el mapa del mar inhabitado.
Callada la boca ante los cadáveres
las letras se embadurnan con el negro
de las rosas caídas a la tierra
de los muertos vivientes no difuntos
cuando soplan al viento las campanas
y tañe el labio ruidos tenebrosos.