La una treinta y siete.
Un mosquito me zumba en la sien
y la Luna se encoge
en un arco iris sonámbulo.
Llueve en septiembre.
Un caracol cualquiera, uno
pequeño sin nombre,
sube por mi dedo
buscando el dorso de mi mano.
Le llamaré caricia
poema
agua
le llamaré Hombre
cuando tiemble espejismos
sobre mi boca con su lengua
y la noche nos entierre
en la violencia de su luz.