Era sencillo no pensar en nada
dedicarse a crear burbujas
con el papel sobrante de las horas,
hacer de ti una definición espacial
que consiga establecer ejemplos
entre las palabras y su voz,
restringir el tránsito al primero
de los abismos concretados en tu cintura
como si fuera un sólo ruido
y no tuvieras que escuchar su paso
buscándote en lo hondo.