Desde la demencia
de la palabra en carne viva
en la boca y en la piel,
desde la voluntad de matarme
cada vez que la noche con su incendio
reaviva las llamas del mar
y la ola, en su afluencia
viene a mí contigo,
desde la lentitud del sueño
y el guijarro en el pulmón
cuando el aire es la huella
del verso y un relámpago
la caricia de tu voz.