Como echar a andar
y darse cuenta de que el pie derecho
no existe
y camina coja.
Como al abrir la puerta con una mano
que no está
y el picaporte no gira
pero sigue llamando con su ruido
de dedos grises.
Algo está faltando
en el cuerpo
en la cara
en el color de la sangre
en el adentro del olvido
donde la olvida
su propia carne.
Algo le falta
y lo convierte en sal
para comérselo y alimentarse
del tiempo reciclado en verso,
algo no tiene ese temblor
necesario para hervir como la leche
y salirse del ejercicio
del día indispuesto en la quietud.
Con la idea de no nombrarlo
escribe poemas difuntos
se derruye en la falta
del pájaro de su muerte.
A Laura N.
