Déjame en paz, me dice sin palabras,
y yo respiro muerta,
con los pulmones secos
encharcados de plomo y humo,
la cintura en la boca
y entre los dientes
el oxígeno huye
hacia la noche anónima.
El equilibrio es breve bajo el agua,
las olas en los labios son de arena.
La caída mortal me empuja,
insiste con la lágrima
el rumbo hacia lo negro.