No para siempre en la tierra, solamente un poco aquí. Aunque sea jade, se rompe. Aunque sea oro, se hiende, y el plumaje de quetzal se quiebra. No para siempre en la tierra, solamente un poco aquí.
Nadie me sigue
ni acorrala las huellas
de los ojos escritos
en la sangre.
Me traslado a la distancia
imposible del vértigo
y todo es más gris
y más negro.
En la última caída
el hueco es mío
tan puro como la noche.