No para siempre en la tierra, solamente un poco aquí. Aunque sea jade, se rompe. Aunque sea oro, se hiende, y el plumaje de quetzal se quiebra. No para siempre en la tierra, solamente un poco aquí.
Manuscribo la sombra de mis labios,
todo es posible en la palabra nueva
-aún sin alma-
que me abre en canal como un cordero.
Soy entonces mi vientre.
Soy la no nacida.