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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco


14 de marzo de 2014

Habría que morir



Habría que morir
mientras el pájaro y la herida
respiren.
Habría que morir pensando
los solamente espejos
de la noche y sus constantes vitales
como si fuera el día, propio,
y no se trastornara por la huida
de nuestra resistencia
a lo imposible.
Habría que inventar la zanja
y acostarse con todos los olvidos,
con los nombres sellados,
hacerse con dos muertos
un trío que responda al sol
con algunas palabras
a punto de caer sobre el silencio
de las bocas metidas en los puños.
Morir habría que morir
despacio, deteniendo en ese instante
los sueños, y correr, como sin prisa,
y alcanzarlos en su destino
aunque cueste la vida, aunque después no vuelvas
a esperar en el pulso la simiente
del musgo o de la escarcha
y la sangre se cuaje
como amor en los labios.
Habría que morir muriendo
de lo mismo que mueren los poetas,
de esa enfermedad, o locura,
o fantasía o vicio
-muerte tan sólo,
suicidarse con un pez en la lengua
mientras come del agua
sabiendo que se asfixia.
Habría que morir a veces
sin más,
para seguir viviendo.