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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco


7 de marzo de 2014

Título



Lo primero es lo primero
y nadie dirá que el título no lo es
o que no queda bien con el resto de las palabras
que tengo secando frente a la ceguera.
Lo primero es señalar, con educación
y a ser posible sin dedos, el meollo
que desaparece si le nombro a mitades,
porque de la mitad a la nada
sólo hay vacío.
Lo primero es anunciar el bisturí,
decirle a la hoja dos o tres mentiras
para sacarle el jugo al hueso
de la cereza y así no quede rastro
de sabor después en la boca.
Lo primero es ver los difuntos
quedaditos en sus despojos bajo las piedras
como pequeños trofeos de caza lobunos,
-los lobos y sus aullidos-
qué sangre no derramarán de noche
cuando hasta las estrellas les tengan miedo
y los pájaros sin alas vuelen sin rumbo,
locos de plumas rojas,
locos sin cielo.
Lo primero es clasificar los peces
según tengan o no tengan un anzuelo,
según naden con brazos o aletas,
enumerar la posible cantidad de sal en sus branquias
y redondear la suma con cuidado
hasta hacerla parecer inexistente.
Después se debería bifurcar la ilusión
en la calle de algún laberinto insonorizado,
es mejor que las paredes compriman la niebla
y sólo así la hora volverá a ser oscura.
Por último se escoge uno de entre todos soles
y al verlo brillar se le confunde en el fondo del lago
con un cisne muerto.