Nuestra ropa ya está lavada.
Perfila el viento
su aprendizaje en ellas
antes de que las alas lleguen
a doblar por los pliegues las arrugas
y nombremos el agua
como un deseo.
Llovió por la mañana, las prendas del tendal
predicen una noche en los alambres
hablándose a sí mismas.