No para siempre en la tierra, solamente un poco aquí. Aunque sea jade, se rompe. Aunque sea oro, se hiende, y el plumaje de quetzal se quiebra. No para siempre en la tierra, solamente un poco aquí.
De aquellos días
que sin pensar en nada
me acerco al olvido
y abro los cajones
donde manuscribe la memoria
y golpea suave el tacto.
De aquellas luces
sin apenas pulso
escojo las de sus dedos.
Me acarician lentamente
la voz de los ojos.