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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco


26 de enero de 2015

Allí, tu mano



Junto a la piedra
el viento desordena su cabello verde,
lo acaricio como el aire con un roce de mariposa
olvidada en el otoño,
su tacto es húmedo, diría que es agua de anoche,
agua o palabra que el mar quiso decirle a la luna
cuando dormida soñaba envuelta en nubes.

Está desnudo, huele a tierra, a savia que se retuerce
ascendiendo hasta las yemas de mis dedos,
y profundizo en los sabores entregados
al sentido latente de la boca
al beber de él las ensoñaciones
de otros labios que al mismo tiempo
toman de mi lengua la clorofila
de una lágrima.

Sobre la piedra el llanto de un beso,
una herida que se abre a la lluvia
para cerrarse alrededor del sueño
por el que viajan las raíces de los árboles.

Al fondo, allí, tu mano
entre los filamentos que como sedales
se deslizan hacia la mía,
y nos tocamos,
nos roza a la vez la dulzura
y el musgo nos asalta con su espina
de flor de cactus.