Adolezco en la espera de tus ojos.
Cuál es el nombre de los acertijos,
qué esperanza visible son los hijos
de la abstracción, la idea y sus rastrojos.
Aterida de grises y cerrojos
busco a la soledad en los sufijos
de la nieve, escarbo en los escondrijos
de un animal que aúlla sus despojos.
Contagiada de duelo desafío
a mi lengua de espina y pozo seco:
di, cuenta los segundos, tú que puedes
enumerar palabras y paredes,
háblale en lo profundo de su hueco.
Dile a sus labios, dile allí que es mío.
(soneto)
