Yo también caía como la piedra,
ese caer desde la mano
que lanza con el puño abierto
en el justo momento de lanzarla
como una voz hacia lo lejos
lo más que alcance, lo más imposible
que llegue hasta la sangre.
Yo también caía desde las manos,
caía en medio de las rocas
y los brazos no me amparaban
me seguían doliendo
las voces de las piedras
las palabras, la sangre
todavía las manos.