
Dame tu mano, ven conmîgo,
saltemos al centro de lo eterno,
a deshacernos la carne con los labios,
a vestirnos con las bocas
las ganas de morirnos.
Formemos con los cuerpos un atlas
de alientos los dos mudos,
con los músculos al viento
y las entrañas en los océanos
de nuestros ojos vivos.
Arde todo por dentro
al lamernos las palabras
y los sudores íntimos transparentan
atmósferas de aguas,
pieles de suicidios.
