No para siempre en la tierra, solamente un poco aquí. Aunque sea jade, se rompe. Aunque sea oro, se hiende, y el plumaje de quetzal se quiebra. No para siempre en la tierra, solamente un poco aquí.
Tengo en la voz la ternura de un poema, una palabra desnuda que en los labios, cuando la cantan me llena de dulzura, y me torno silenciosa para escucharla, sola, acostada en un pliegue de luna.
Tengo en la mirada el soplo de un beso prendido en la lejanía, beso que es verso, a veces lluvia, tendida en el suelo de un faro perdido en el cabo de una mar siempre intangible y oscura.