por no asustar a las flores,
de enamorarme del agua
que hiela y perfuma
mi piel con su salitre.
Vengo del mar,
por no amanecer en el horizonte,
de confundirme con las piedras,
para no rodear los pétalos
con las lágrimas de mi vientre.
Vengo del mar,
en su orilla flota
el eco de tu nombre.
