Qué memoria transita tu respiración
cuando palpitan mis ganas de besarte.
En el recorrido que lleva hasta tus labios
inventa piruetas un saltimbanqui;
sobre la cuerda tus ojos y los míos
se agarran a nuestros nombres,
y al peligro de pensarse.
Me miras, te miro,
nos miramos,
y los caimanes sacan los dientes
al reír un mal chiste
que cuelga de la voz que amontonamos
en el equilibrio de la carne.
Se va haciendo de día, despacio,
sobre el alambre queda una mancha de aire,
o son nuestros alientos
murmurando hambre en un cabo
suelto de la noche.
