Quizás sea la tristeza del aire
la que se nos borda en el alma a tiras;
será que el verso no encuentra medida
o que la voz nos clava sus puñales.
Hambrientos y carentes de posibles
los tiempos doblan lunas y costillas,
nos devora la sangre retenida
entre la lengua oscura y sus dolores.
Quizás sea que los labios se rompan,
que los lobos arranquen las sonrisas,
o que entre la bruma de las pupilas
el alma se retuerza sin demora.
Será que entre las siluetas insomnes
la nostalgia se viste de amargura.
Hace un instante nació este poema, inspirado por los versos de El GatoPardo.
A él le dedico los míos, pues suya es la musa.
