La noche en danza baila con tus ojos
alrededor del fuego del abrazo
de los cuerpos sutiles con un lazo
unidos en los versos infrarrojos.
En la blanca ceniza los despojos
de los labios se besan con un trazo
candente, sin dejar libre un retazo,
con las bocas ahítas de sonrojos.
Se envuelven con las llamas dos siluetas
ofrecidas al céfiro de octubre,
arden con la marea entre las olas
transformando en azules las saetas
del tiempo color miel que nos descubre
en una playa, vueltos caracolas.
Soneto
