Saltemos a lo oscuro de lo blanco,
hagamos fuego con la boca al rojo
y los labios abiertos, sin cerrojo,
mientras los cuerpos se ciñen al flanco
de la Luna en su eclipse, y en un banco
nos comemos las ganas y el sonrojo,
con las pieles que arden en despojo
en un altar secreto, cruel y estanco.
Ven a bailar conmigo, con la luz
de la noche escondida en la mirada
de todas las estrellas sin destino,
cuando viajan sin sol en el trasluz
del insomnio y los ojos no son nada,
sólo huesos llorando en un camino.
Soneto
