Un ligero movimiento intenta acercarme a tus dedos.
Y no existo allí, ni en la lluvia arrastrada sobre las aceras, o en el perfil desconocido de tu rostro silabeado.
Tengo, en la noche del duelo, en la garganta la voz anónima de los infinitos poemas de la memoria del tiempo oscuro y solitario.
A pesar de la luz el velo de la Luna siempre viste luto blanco.