Tómame del aliento cada muerte
sobrevenida a golpe de pasión
entre besos y lágrimas de Orión.
Haz tuya la saliva que se vierte
desde la lengua infame y no deserte
tu boca de mi cuerpo en abrasión.
Tómame de la nuca la adicción
a la luz de tu sombra, este tenerte
dentro de los lunares prisionero
al estallar mi voz en arenal
y componer tu piel con un murmullo
de corrientes de océano de cuero,
con menguantes de Luna de arrabal
cuando llega la noche y a ti huyo.
Soneto
