A Montserrat Martínez, a propósito de su poema Temblor.

Consumación
La lluvia se diluye en la mujer,
en la piel de ese tiempo melancólico
que todo lo consigue, simplemente,
con sus gotas constantes.
Como un llanto de niebla en las montañas
las nubes saben ser las compañeras
de la dama del sueño.
El fuego del carbón,
en esa chimenea del invierno,
que se enciende formando
el calor del hogar,
alienta el clima onírico del cuento.
Un lobo que se oculta en el tejado
acecha en el silencio
a los niños que juegan con sus trenes
y a las niñas que ríen con muñecas de peluche.
El paisaje de nieve se hace cóncavo
como una postal suave de los Alpes.
Un recuerdo de bruma entre los cirros
permite a la mujer de las visiones
asumir sus imágenes con pájaros
y búhos de los bosques.
La mujer danza siempre entre las rocas
y no olvida que todo es un ensueño
más allá de los límites
marcados por las horas, en el vértigo
de la consumación de la belleza.
Ana Muela Sopeña
Gracias, mi querida amiga, por la belleza y magia de estos versos.
Un abrazo para ti, muy grande, y mi cariño
