
Y entonces quién me dice que afuera no hay daño,
que las hachas no están dispuestas a dejar muñones
donde antes hubo amor y yo amaba,
y amo,
a permitir que la sangre se mezcle con los ojos,
quién puede decir yo de esta agua no bebo,
de las tintas de los puños no me brotan
arquitecturas planas con forma de cementerio
Quién viene a derrotar a los jirones
que estrangulan la voz contra los huesos,
describir en mi espalda el fruto en rojo
de las noches construidas con dolor,
a soldarse a estos dedos,
al estigma que escribo
si me sé cicatriz
y soy mujer delante del espejo
dime por qué no salgo
dime por qué me quedo
remendando heridas
cayéndome por dentro.
Y entonces, quién me dice a mí,
quién, que no escucho más que la caricia del viento.
