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Habité la casa cuando el frío quemaba todas las cosas.
Los pájaros empezaron a morir apenas asomó la Luna entre los desnudos angelicales de las flores cenicientas.
Había labios borrosos, espacios de agua en los momentos de la luz resistente a la aventura de los brazos y a su recorrido sin pausa, a través de la inmensa pérdida.
Los poemas no son poemas, todos llegan de lejos y se despiden describiendo la curva que te roza.
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