No para siempre en la tierra, solamente un poco aquí. Aunque sea jade, se rompe. Aunque sea oro, se hiende, y el plumaje de quetzal se quiebra. No para siempre en la tierra, solamente un poco aquí.
Al mismo tiempo que el silencio
te escribo
de lo hondo que es el verso
adivinado entre mi piel y tu boca,
del agua que serpentea al anochecer
desde el labio a la sonrisa
de los pétalos que en tu lengua
necesita mi vientre de lluvia y páramo.