Creíste que las esquinas no acumulaban polvo,
y los nombres se amontonaron en el agua
con la que regaste tus plantas suculentas.
Creíste que al no mirarlo la ilusión sería distinta,
con juncos de maizales y lirios terrestres
y las agujas en el otro lado no abandonan
los alfabetos por mucho que se impida la tendencia
de ciertas costumbres sobre la espalda.