Porque no sirve el remedio
ni observar las represalias de las horas al cabo
de la mirada oscura.
Porque del fuego medido
se van formando las llamas y la belleza
de lo eterno no es más que un modo
de ver las cosas sin tocar con los labios
la dulzura del incendio.
Todo sucede sin que el poeta se nombre,
lejos de sus ojos,
en un pasillo de nieblas.