Subo las escaleras y llego arriba,
no hay más luz que esta que me abraza
y acaricia mis dedos
cuando sangran callados.
La noche en su sino me secuestra
con su boca de demonio,
hace de mi carne un discurso
y yo escribo bajo el peso
de todas las palabras que se ensañan
mirándome desde el ombligo
donde emigró el último lenguaje
que respiraban mis ojos.