Desde la puerta de arriba le llamaba a oscuras una mano entre los árboles antiguos.
Al acercarse al tragaluz una voz acaricia sus ojos tristes como un ángel de agua el manantial de las sombras y sus grietas.
Tengo conmigo las redes de la lluvia y el hueco que la noche olvidó entre los corales del tiempo.
Tengo una tormenta de algodones y un río de pájaros para envolverte en su laberinto.
En la espiral de su caracola, un unicornio sonríe hacia dentro.
A Romà Alonso
