No me preguntes cual dios muere,
ni por qué escucho el insomnio de la estrofa.
Mientras rezo todo es azul,
la profecía en la belleza
de tu nombre en susurro,
un cáliz para beber de lo eterno
con las manos y sus animales
trayendo hacia mí tus ojos.
Quedó en la voz la noche,
un rasguño en la letra me recordaba
los viajes de los ocasos hacia el beso.