Tiéndete aquí, conmigo,
junto a la palabra noche,
esperemos a que su enigma
abrigue los secretos de las manos
encadenadas a lo oculto.
Tiéndete entre mi cuerpo y la Luna,
en esa oscuridad sin nombre
que anuncian las bocas desiertas
bajo los álamos retorcidos
por la nostalgia de los días invisibles;
dame calor con tus labios
encendiendo paisajes y desfiladeros,
que no imagine tu carne otro edén
más íntimo y dulce que el entregado
en esta hora de gozo salobre.
Te llevaré entre agua y jadeos
al avemaría de la muerte entre mis piernas,
prisión y abismo rodeado de pétalos de flores,
rosa abrazada a la tibieza de la piel bajo tu vientre.
Sé de un tiempo que nunca existe,
sé allí de un siempre.
