No para siempre en la tierra, solamente un poco aquí. Aunque sea jade, se rompe. Aunque sea oro, se hiende, y el plumaje de quetzal se quiebra. No para siempre en la tierra, solamente un poco aquí.
El ruido del oleaje cabalga el ocaso
con mis dedos pensando en ti,
íntimo me acerca hasta el ombligo
el agua de la noche y de tu voz.
Un arroyo asciende con su canto en agonía
desde el temblor de tu lengua
a la marea profunda de mi piel.