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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco


29 de julio de 2013

Palabra de ombligo




Me pongo a escribir y la mano lo sabe,
no duda de la palabra en el ombligo.
El dictado enhebra artículos, pronombres,
tildes y verbos donde nada había,
donde todo lo esperado llega a escucharse
en un camino negro.
Con la espora de la noche en el puño
pienso mientras llueve, y pienso sin decirlo
en mezclarme con agua y tierra
para convertirme en barro
y secarme unida a tus dedos.
Pero me pongo a escribir
dándole un lugar a cada sílaba,
el casi correcto en su orden y sonido,
un meollo donde guarecerse
la lumbre en su estado de sombra y hueso.
Y la letra se dice, te nombra con sus ojos blancos,
con su media sonrisa de vidrio,
esperando detrás de los dientes
un tumulto de sangre alcoholizada.
Entre mi piel y el cuaderno
se aísla el tuétano de la carne,
no existe otra muerte más bella,
morir rota por el descosido
cuando su cicatriz es un lobo
y aúlla dentro del corazón la saliva.
Voy recorriendo las luces,
las utopías y sus fantasmas
bosquejan amaneceres y telescopios,
cuántos árboles a lo lejos perdieron las hojas,
cuántas rosas decían paraíso
y se deshojaban
en la pendiente de su deseo.
Escribo y canto desde las tripas
epitafios sobre las lápidas
de los renglones reunidos en torno al verso,
la oscuridad es un enigma latente, es el norte
en el rostro de un océano dolido,
cada ola una espiral
cada poema una muerte.