cabecera

¿Acaso en verdad se vive en la tierra?
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.Netzahualcóyotl de Texcoco
19 de febrero de 2014
Supongo un rosal
Me acuesto con la noche.
Hacerle el amor es algo casi improductivo
-ambas somos profilácticos-
no tendremos descendientes
y nunca podremos enseñar a nuestra prole
a sentir dentro luz lo que desde fuera
parece negro.
La noche y yo somos parecidas,
ella me repite te amo entre mis muslos
y yo a su voz le digo te quiero
allá en lo hondo de la erección de su sangre.
Las dos nos recorremos los pájaros,
ella con sus lechuzas me mira huidiza,
mis búhos la observan con el rabillo
de dos ojos impares,
-el otro es el eco profundo de una sombra-
ojos para verla imposible.
Tendidas como pronombres en la vertical
de una cama deshecha
nos tentamos lengua y carne con la boca mutua.
Es recíproco el orgasmo en el vientre
apenas nos olemos las guaridas
de los animales semidormidos,
ya despiertos en la madeja de humo
donde nos encontramos para amarnos
efímeras como el polvo de las alas
de dos mariposas clavadas a un cactus.
Supongo un rosal en nuestros sexos,
ella tiene las flores, yo tengo las espinas
y con los labios nos mordemos la palabra
en los genitales nocturnos, tan húmeda
cuando ahoga como un río
al llenarnos de agua los nombres.