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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco


10 de octubre de 2014

En tu soledad y en la mía



En tu soledad y en la mía
caben todas las soledades,
recuerdos de nosotros y nubes pasajeras
que vienen caminando cerca de nuestros pies,
empujándonos hacia adentro
desde la intimidad que nos florece cuesta abajo.

En nuestra soledad de amantes
amamos el secreto y la ceguera,
nos amamos las sombras y las llagas,
el verso a piel, perenne,
intuyendo los días habitados
por el ruido del vaivén de las olas,
las noches al calor de sus preguntas.

El horizonte obligatorio
de llegar a la sima de la nada,
de alcanzar todos los lugares
y, a solas, la palabra espera
entretenida con metáforas
y esbozos de colores
a que la mano la descubra
y el amor se declare.

A nuestra soledad venimos
con la boca vacía
y el corazón aislado,
en la clausura de los ojos
se nos encierra el mundo
a través del espejo.