
Si hace días que no estoy.
Si sólo quiero exprimir limones con los labios
o dejar la mano y su mano en la ventana
para saludar de noche a quien no venga,
a quien no exista. A quién le dice hola
y quién salta de la cama con su traje de insomnio,
arrugadito de tenerlo debajo de la almohada
o dándole teta para empacharlo de calostros.
Pero mire usted, o tú, o tú, mira lo imposible
que es no estar y estar a la vez haciendo fotografías
a las palabras y su teatro de marionetas,
escribir sólo con una mano
–recuérdese dónde está la otra-
y que la propia mano se aleje con lo que escribe
dejando la boca a medias en un estado de desconocimiento
que podría ser el de cualquier analfabeto
intentando talar árboles con el dibujo de un hacha.
Hágase la intención aparente
de estar y concebir tantos hijos como vengan,
que atraviesen el látex y se implanten en la matriz
como si fueran numeritos o raíces,
déjeles a su antojo crecer hacia dentro
y que hagan daño
o que amen y mueran.
Si hace días que no estoy conmigo.
Si sólo yo lo sé, y sé del ruido que hago
al pestañear, al quedarme mirando las flores
esparcidas por el suelo nocturno, suelo
de lluvia y de espejos que me enseña
los colores del éxodo y su futuro mañana
es la mañana de los que no la ven
y se olvidan de estar en la yema de sus dedos.
