Perdurar
como si el suspiro creara
de la carne dos ojos
propensos a observarte
llorar de frío y verso
al nacer de la piedra
y del pájaro ausente.
Mantener el consuelo de los párpados
sin darle otra ilusión
ni el hecho de morir un día
dentro del agua fresca
de la distancia al médano
junto a la playa a oscuras
y la sequía de las voces.