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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.Netzahualcóyotl de Texcoco
27 de marzo de 2015
acercamiento
Con el pie en el acelerador escucho música; a ciento cincuenta kilómetros por hora los espacios recorridos se hacen distancias cortas, todos los árboles son sólo un árbol, la niebla es una mano muy grande, y atrapa.
El agua que corre a mi lado no es la de otros días, es tanta y va a mi misma velocidad, su lengua no deja de querer buscarme, su preciosa lengua líquida.
Las palabras están donde estaban y quiero parar a escribirlas antes de que la autopista las devore, antes de que la canción termine y la respiración se aparte de su miedo a morir golpeado contra la bionda y así, en un instante, deje de existir el pulmón y la palabra que lo origina. El miedo roto sobre el asfalto.
Pensaba despacio, iba rozando cada arco iris que no veía, la chispa de un trueno a lo lejos, las manos que no saben decirlo y la tormenta que sonríe con un color transparente, gris o blanco, o es rojo el cielo ahora mismo y sobrevive entre los dedos.
Y la palabra se hace honda, me ensimisma y soy ella; no sé donde estoy y miro hacia un punto fijo que no existe, que no está, pero lo estoy viendo, transcurre como en un sueño, acaso el de anoche o quién sabe si es la consciencia lo que perdura en la secuela del hecho, y también en este de estar conduciendo y estar sólo atenta al murmullo que me envuelve haciéndose pleno en la sensación que me habita desde dentro, el lenguaje de la lluvia, tus labios, el fruto de acercarme al conocimiento.
La niebla entra por los sentidos y no avisa.
cantaba Bunbury, la chispa adecuada