A la garganta que respondes
en línea recta,
a la que no le da la luz
y se vuelve imprevista
como esa cicatriz
en el lomo del gato,
como esa herida vertebrada
que tienen las imágenes
de las letras a oscuras,
las paredes roídas
por el mal de la piedra
en los verbos de sangre
y el derribo de la palabra.