De noche abro los ojos
ansiando salir de mi cuerpo
y flotar entre tus manos
como flota la sombra en el aire
que acaricia tu abrazo.
Vengo al morir el día
con un latido desacompasado
por la dolencia que gesta en mi vientre
el no saberte en este ala del océano.
Traigo el pecho desnudo,
la piel llena de bosques mágicos
y en la boca una muerte pequeña
clama a dios y a todos los santos.
Lejos de ti anochece mi aliento
sin más deseo que pronunciarte
en un beso escapado hacia tus labios.
