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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco


5 de agosto de 2011

El primer sol



Nada será tan eterno como este esperarte
en el trasluz de la pausa de la conciencia,
cuando te espere, regresado desde la Luna
que nos abriga a nuestra morada de sueños.

Te esperaré entre los pliegues del silencio
en blanco de las noches en que tu cuerpo desnudo
con los besos que escribo mientras te beso
y se expande el tiempo hacia nosotros.

Espero en las auroras que nos respiran
que me alcance el color de tus ojos,
la melancolía de tu voz arrullando la flor
de mis labios en un día nocturno
lleno de mar y viento, de palabra completa
teñida de lluvia y tempestad.

Te espero al final del verso intangible
que sostengo entre el daño de la carne
y el tiemblo de la piel que muda e invidente
anochece en una sombra de azabache y sal
de oscuridad, sombra que reclamo de tus pulmones,
de tu latido, en el fondo de mi angosto volcán.

Te esperaré, mi amor,
estaré en el insomnio de la luz que nunca hiere,
la víspera del agua y de las nieves sempiternas,
donde el cristal de la ausencia en nuestras bocas
se convierta en verbo y lengua lunar,
el día que me muera, inmortalizando tu nombre
en el primer sol que sienta al despertar.