Me rompe esta desdicha de pulsar
lejos de las esferas de los sueños
de tus ojos dormidos y sedeños,
sentir bajo mis párpados el mar,
la noche sibilante en un altar
de luz en los eclipses hogareños
de la melancolía, y los ensueños
rondan la superficie de un lunar.
Dentro del plenilunio están tus labios,
alimento del génesis nocturno
y del alma en su encierro atemporal.
Contemplo un rumbo tenue de astrolabios
en un éter redondo y taciturno,
el vacío y el beso, el aire austral.
Soneto
