Reconozco la responsabilidad
de la palabra inconveniente
el destroce de los campos
y la arquitectura del dolor
prendida al ojo del cálculo
presente en el augurio
de los fuegos contra la intuición
acostada en el torcimiento
de las líneas transversales
sin consonancia ni motivo
para acabar hiriendo al poeta
por alguna suerte desconocida.